Historia

El Pueblo Muisca Chibcha

Muisca es la palabra con la que las huestes extranjeras denominaron a los habitantes originarios; “muexca” o “moxca” (españolizado: muisca) por sus gentes; y Chibcha es por la lengua proveniente del idioma originario de estos, y significa: chi (mujer), b/bu (de lo más alto) y cha (varón), traduce «amor y sabiduría caminando juntos desde la creación», también, «hijos de las estrellas.»

Fray Pedro Simón, cuenta que al encuentro de Jiménez de Quesada con los nativos, al preguntarles si eran muchos le respondieron «muexca bien agen» («hay muchos hombres»). Los españoles, entendieron «muexca» como «mosca» e interpretaron que lo que los naturales querían decirles era que «abundaban o eran tan numerosos como moscas.»

Los aportes que los Muisca Chibcha dan a la identidad nacional colombiana de hoy son incuestionables a pesar de la perdida de la memoria y los sincretismos impuestos en todos los niveles, teniendo en cuenta que la Confederación Muisca Chibcha era la máxima representación político-organizativa de nuestra cultura y familia lingüística que predomino en nuestro territorio hasta la llegada de extranjeros, que alteraron el orden y obligaron a los nuestros a mimetizarse en su cultura dominante.

James George Frazer en La Rama Dorada (1890), así los describió: «Llegando de los sofocantes valles a las altiplanicies de los Andes colombianos, los conquistadores españoles quedaron atónitos al encontrar, en contraste con las hordas salvajes que habían dejado atrás en las selvas asfixiantes de abajo, un pueblo gozando de un grado alto de civilización, practicando la agricultura y viviendo sujeto a un gobierno que Humboldt comparó a las teocracias del Tibet o el Japón. Los chibchas, muyscas o mozcas, divididos en dos reinos con sus capitales en Bogotá y Tunja, estaban unidos más definitivamente bajo la adhesión espiritual al gran pontífice de Sogamoso o Iraca. Mediante un largo ascético, este gobernante espiritual había adquirido tal reputación de santidad que las aguas y la lluvia le obedecían y el tiempo bueno o malo dependía de su voluntad…»

Hace más de diez mil años, una oleada migratoria llegó al altiplano cundiboyacense (de la Cordillera Oriental andina, hoy centro de Colombia), integrándose a los pobladores que la ocupaban este territorio, generaron una de las cinco más altas culturas de nativo-América: La Confederación Muisca Chibcha.

Contaban con un alto nivel de desarrollo, con clanes familiares, que agrupados formaban una comunidad, cuyo jefe era el cacique. La unión de comunidades denominada confederación, estaba bajo el mando del gobernante (zipa) de Bacatá y del gobernante (zaque) de Tchunza, quienes ejercían funciones políticas y religiosas.

Desde el punto de vista cultural practicaban la agricultura, aprovechaban el declive de los terrenos para los sistemas de riego; utilizaban el algodón para tejer sus vestidos, eran expertos en las artesanías de oro y arcilla. El comercio lo realizaban con el trueque de mercancías y utilizaban las esmeraldas como moneda. El pueblo en sus festejos, reunidos en las cumbres, bordeaban las lagunas a las que consideraban sagradas, preparaban las ofrendas para que fueran depositadas por los Chyquy (jeques), cubriendo sus cuerpos en oro en polvo, hacían su ablución en las aguas y luego de haber lanzado las alhajas, recibieran en recompensa la sabiduría, la salud y la prosperidad por parte de sus espíritus lacustres. Cuando llegaron los conquistadores españoles, y al conocer esta costumbre ritual de los nativos, se dieron a la tarea de buscar en lagunas y cavernas las riquezas, que ellos denominaron «El Dorado».

La familia Muisca Chibcha tenía un práctico conocimiento de las matemáticas, utilizó el calendario para regir el tiempo de las cosechas y las fiestas religiosas. Como una necesidad de perpetuarse, utilizaban la escritura geroglífica, grabada o pintada en las rocas.

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La Nación Chibcha Cundiboyacense

Los chibchas primitivos del territorio de Cundinamarca y Boyacá eran cazadores-recolectores. Bochica les enseñó a hilar algodón y tejer mantas y les dejó en las rocas telares pintados para que no olvidaran sus técnicas. Los introdujo en los preceptos de la moral y principios de la religión, los que conservaron hasta la llegada de los españoles: la solidaridad humana, ayudar a los necesitados, cuidar y atender a los ancianos.

Los indígenas de la altiplanicie tenían una religión formalizada y una cultura bien evolucionada, según las evidencias arqueológicas. La civilización chibcha de Cundinamarca y Boyacá es de 2.000 años, que le han asignado ilustres arqueólogos, lo que prueba un desarrollo alto entre las civilizaciones americanas.

La civilización chibcha, al arribo de los españoles, los sorprendió por la excelencia respetable de elementos culturales como el arte de vestir mantas, mediante el uso del telar y la confección de las prendas y sus pinturas; el cultivo del maíz fue considerado como sagrado y divino; el uso de perfumes o inciensos, las conchas y caracoles de mar, los guacamayos, el fuego, el agua y la tierra, fueron empleados para sus ritos, sacrificios y ofrendas.

Otro elemento de la civilización chibcha fue el conocimiento de la técnica de la aleación del oro y el cobre, con el vaciado a la cera perdida; la alfarería, utencílios de piedra, la piedra y la mano de moler, tallas líticas, narigueras en forma de media luna, grabados en forma geométrica en colores rojo, negro y amarillo; representaciones de peces, batracios, lagartos y figuras antropomorfas en arcilla cocida en las tumbas; sepulcros rectangulares tapados con losas de piedra; inhumaciones de cadáveres con los miembros plegados, urnas funerarias; empleo ritual de la coca en el culto de los ídolos; abstinencia sexual y ayunos rituales.

Las habitaciones circulares, tarabitas, puentes colgantes, andas y literas para transportar los jefes, trompetas de caracol marino y flautas hechas de huesos largos humanos, gran variedad de plantas domésticas y sistemas de riego aprovechando el declive de las montañas; peines de palo, vasijas dobles, uso de las plumas en los rituales, culto al fuego, aves míticas mensajeras, sacrificios de animales y de niños en honor a las divinidades, corte del cabello como castigo, ayunos, abstinencias y castidad para los sacerdotes, danzas con máscaras, continencia sexual para el viudo, durante cierto tiempo impuesto por la esposa antes de morir, culto a los lagos, ríos, peñascos, libertad sexual en fiestas públicas especiales, entierros de personas vivas para acompañar el cadáver del jefe muerto, momificación de cadáveres de personas de alta jerarquía; participación en las guerras, etc.

Cultivos

Entre las nuevas plantas y la manera de cocinarlas en América, influyeron enormemente en Europa, Suráfrica y China, se encuentran el maíz, la patata, la mandioca, las calabazas, la papaya, la pina, el tomate, aguacate, guayaba, maní, cacao.

Los cultivos de maíz y la patata ocupaban gran parte de las tierras labrantías y fueron los cultivos procedentes de América, que más impacto causaron en el mundo.

Historia de Cundinamarca

Habitado originalmente por los indígenas Muisca Chibcha, Muzo y Panche. Los españoles penetraron a estas tierras en el año de 1537, bajo el man¬do de Gonzalo Jiménez de Quesada e iniciaron la conquista, caracteriza¬da por la apropiación violenta de los tesoros de nuestras comunidades: oro y tejidos y posteriormente por la imposición de tributos y el trabajo en las labores agrícolas, mineras y de transporte de mercancías.

Los españoles aprovecharon todo el altiplano para la agricultura y la organización de núcleos indígenas, hasta adquirir la categoría de cabildos hasta hoy.
A finales del siglo XIX empezó la ocupación de las tierras de ladera del occidente del departamento, que fue determinada por el cultivo del café, con la apertura de vías a partir de la década de 1960, ha generado migra¬ciones de importancia hacia ambos flancos de la cordillera Oriental y el piedemonte.

Supervivencia de Cabildos

Existen en Cundinamarca los cabildos muiscas de Ubaté, Fúquene, Facatativa, Mosquera, Funza, Machetá, Suesca, Guasca, La Calera (en proceso de recomposición), Sesquilé, Chía y Cota (con registro institucional); en la ciudad de Bogotá están Bosa y Suba registrados y adscritos institucionalmente a la organización indí¬gena de Colombia ONIC y a la Asociación de Cabildos Indígenas en Bogotá ASCAI, esta última compuesta por muisca, pijao, kwichua, inga, entre otros, y el Cabildo Mayor Muisca Chibcha de Bacatá que hace presencia en las veinte localidades dentro del proceso de recomposición.

Las parcialidades o cabildos Muisca Chibcha en proceso de recomposición no representan ni son representados por los demás cabildos muisca (Bosa, Suba, Sesquilé, Cota, Chía).

Cabildo Mayor Muisca Chibcha de Tchunza y Cabildo Mayor Muisca Chibcha de Bacatá

Con sede en la ciudad de Tunja, está en proceso de reconocimiento jurí¬dico. Lo intengran cuatrocientos indígenas procedentes de las comunidades de Tunja, Motavita, Cómbita, Sotaquirá, Tuta, Paipa, Sogamoso, Nobsa, Mongua, Chivata, Siachoque, Ramiriquí, Ventaquemada, Turmeuqé, Chíquiza, Ráquira, Saboyá, Arcabuco, Cerinza…
El cabildo viene desarrollando actividades de reindigenación en este territorio, en el que no tan solo existen los rasgos étnicos, sino el sentido de pertenencia e identidad hacia lo que significa el espíritu inmanente del pueblo boyacense, heredero de la sangre y de la cultura chibcha.

Los cabildos están representados en su organización por algunos líderes indígenas, entre otros, quienes hemos adoptado por linaje el patronímico Xieguazinsa Ingativa Neusa y, Suaga Gua Ingativa Neusa en calidad de autoridades ancestrales del Pueblo Nación Muisca Chibcha y de los Cabildos Mayores Muisca de Tchunza y Bacatá respectivamente.

El proyecto parte de un proceso de recomposición, resignificación y visibilización del pensamiento ancestral muisca chibcha en el territorio de origen; que comienza con el auto reconocimiento étnico legado de sus mayores, con el objetivo de que se les reconozca su fuero indígena: leyes, territorialidad, organización y legado cultural.

La unidad administrativa es el cabildo indígena, que les asegura su autonomía en lo político, social y económico, eje fundamental para su independencia y democracia con relación a todo el aparato estatal, lo que se denomina fuero indígena, regulado por las leyes indigenistas estatales.

Con una visión de pervivencia en nuestros rasgos étnicos y valores ancestrales, usos, costumbres y con la resignificación de espacios vitales sagrados, bajo una adopción autónoma de espacios geográficos propios, base de la existencia comunitaria y cultural, generando intercambio de saberes y cambio del juego con el mundo contemporáneo y buscando un encuentro en las relaciones con el Estado colombiano como parte nuestra unidad del desarrollo socioeconómico y cultural, reivindicando una identidad propia a los ciudadanos que habitan hoy día el altiplano cundiboyacense.

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