Arte

Orfebrería

Para los orfebres muisca, el arte tiene un doble significado: expresión de rango dentro del orden social y conexión con el aspecto espiritual con El Todo, teniendo como base los nueve mundos y los cuatro órdenes vitales que sostienen la vida. Tanto el oro, como las piedras semipreciosas, las maderas y resinas que desde la antigüedad se tienen como elementos altamente espirituales y de enlace con la sabiduría, se han obtenido por intercambio con otros pobladores de comunidades indígenas. En algunos relatos de los cronistas dicen que se hacía canje (trueque) con los habitantes de las riberas del río Magdalena; lo trabajaban con el cobre, obteniendo la tumbaga, una aleación de color bronceado. Sobresalían en la técnica de la cera perdida y utilizaban matrices de piedra. Hoy día, algunos han cambiado las técnicas y materiales, sin cambiar el significado simbológico de las piezas, a saberse:

Tunjos

Son las más pequeñas y representativas, muestran casi siempre un personaje humano; generalmente elaboradas para ofrendar al Gran Espíritu y a los espíritus de los cuatro vientos.

La figura es siempre similar: sobre una plancha se dibujan las formas humanas y su atuendo con hilo de oro (tumbaga).
La terminación era descuidada pues mostraba las rebabas de la fundición. Actualmente, ha cambiado.

Tominés

Son figuras de diferentes tamaños (pequeñas y medianas) elaboradas en piedras, maderas, resinas y metales, cuya simbología puede variar de acuerdo a las circunstancias físico-espirituales y son el resultado de ejercicios introspectivos y ofrendas que se tallan desde la antigüedad con el propósito de conectar con espíritus ancestrales y del territorio de origen de cada individuo o artesano. Estos elementos no son objeto de trueque.

Pectorales

Han sido elaborados bajo un meditado diseño con minuciosa terminación, ya que generan desde el pensamiento, sentimiento y emoción una conexión de sumo respeto y admiración hacia quienes los portan. Son símbolos antropomorfos que corresponden a los atributos de su dueño, en su relación con seres de animales (tótem) o a espíritus guías de nuestra sociedad.

Están realizados con planchas gruesas y fundidas en tumbaga. Hoy la técnica de su elaboración ha cambiado, al igual que sus materiales. Estos elementos no son objeto de trueque, debido a que son de uso íntimo en ciertos rituales.

Cuentas, narigueras y prendedores

Simbolizan jerarquía espiritual o de orden social para sus poseedores. Las cuentas (collares) muestran mayor cuidado en la terminación y solo se realizan cuando comienza una estación, en sincronía con el Sol. Es una ardua labor de compromiso su elaboración, ya que no es tomado como simple objeto de adorno, sino como un elemento de responsabilidad con la comunidad, con el mundo espiritual y consigo mismo. Son tejidas con semillas, piedras, huesos y canutillos de madera, etc.

Las narigueras en la antigüedad objetivaban abstracciones de aves mediante entramados de chapa e hilo trenzado junto a colgantes adosados. Solo las podían usar personas de alto nivel en el territorio, como: guardines de laguna, territorios, santuarios naturales sagrados y también personas que cuidaban a los mayores (tibas, chyquys, tymys, etc.)

Cerámica

Los grandes talleres de cerámica en la antigüedad estaban en los territorios de Tocancipá, Gachancipá, Cogua, Guatavita, Guasca y Ráquira, cuyas arcillas han sido excelente materia prima. Actualmente, en Ráquira, Guativita y Guasca, prevalecen los clanes y tradiciones que a pesar de la colonización mantienen las maneras de elaborar los tiestos con técnicas mejoradas de fundido y torno. La cerámica antigua se modelaba directamente del barro, o por medio de rollos de arcilla en espiral.

En lugar de cántaros fabricaban jarras de cuello alto (chorotes). Se hacían fruteras con un pequeño pie, ollas de múltiples asas (moyos), vasijas ceremoniales o ritualísticas en forma de hombres, a las cuales les abrían un agujero, en el vientre o en la cabeza, para guardar en ellas las ofrendas, tomines, semillas, piedras semipreciosas y esmeraldas. Son frecuentes figuras humanas que llevan en su pecho una insignia en «X».

Algunas piezas fueron adornadas con aplicaciones de pastillaje y con incisiones; las pintadas tenían fondos terracota y dibujos espirales en negro.
Las cerámicas, hasta el día de hoy, son para uso doméstico, preparación de medicinas, ofrendas y pagamentos a los espíritus, al igual que para intercambio comercial.

Textil

Las evidencias antiguas de textiles provienen de cuevas en los páramos y de santuarios naturales. Las momias eran envueltas en finos tejidos de algodón.
Las conas (mochilas), las mantas, ruanas y chirquetes son preciados regalos, aún en la actualidad, para entregar en festejos, ceremonias y rituales. En tradiciones, antes de la colonia, las usaban coloradas en señal de luto, y los cortesanos de Tunja y sus alrededores han elaborado mantas muy coloridas.

Se han empleado fibras vegetales como el algodón y el fique, entre otras; el primero lo usan principalmente para la fabricación de mantas y el segundo para cuerdas y mochilas. Después de la colonización se introdujo la lana al territorio y hasta el día de hoy se teje con ella; sin embargo, las comunidades raizales originarias mantienen la tradición del tejido de algodón y fique.

En el proceso del hilado para la elaboración de la fibra, se utilizan husos cuyos volantes son de piedra y que producen hilos muy finos de excelente calidad. Manejando una compleja técnica se fabrican telas de una sola pieza con innumerables entretejidos muy resistentes.

La tintorería fue fundamental para dar color; se usan colorantes y pigmentos naturales de origen vegetal y mineral obteniendo una gama variada. Las pinturas son motivos geométricos de carácter simbólico.

En las mantas, introdujeron hilos de urdimbre tinturados generalmente de color marrón oscuro formando rayas angostas, que en algunos casos limitan el espacio donde se pinta la tela.

Hasta el momento no existe el hallazgo arqueológico de un telar muisca y no se conoce ninguna cita de cronista al respecto, ya que la tradición y usos y costumbres del tejido se mimetizó con la cultura extranjera, y perviven en cada uno de los poblados a través de los clanes y familias.

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Por otro lado, en el sincretismo y mestizaje de las costumbres incursionaron técnicas de telares manuales y mecánicos, con los cuales se realizan ruanas, mantas y paños de alta calidad.

Pintura

Los petroglifos (grabaciones antiguas en piedra) y jeroglíficos fueron plasmados en forma incomprensible para los ojos profanos; sin embargo, para los ancestros fue una necesidad de comunicación que dejó constancia de sus huellas culturales.

Cabe mencionar los signos grabados en la piedra de Anacuta y las piedras de Pandi, la más notable muestra de jeroglíficos del país, reconocidos por el investigador Miguel Triana en la década de 1920. Otras muestras son: las Piedras de Facatativá: «Mito u ofrenda de una manta»; los mitos del «Bujio» municipio de Corrales, «Piedra Caribe» de Duitama, «Piedra de Gámeza»; «Piedras de Puente Boyacá», «El Adoratorio de Indios de Ramiriquí». En Ráquira, a dos kilómetros del Convento de la Candelaria están: «La Roca de los Jeroglíficos» con tinta roja, «La Piedra de la Campana» con tinta blanca, «La Piedra del Chinche», en el páramo de Gachaneque, vereda de Pirita; pictograma de color rojo, que representa una culebra.

En Motavita, cañada arriba de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia en Tunja, hay rocas, moyas, pinturas, en diferentes tamaños, que a través del tiempo se han venido conservando, gracias al respeto y misterio que representan estos lugares para las gentes campesinas, que creen en los buenos augurios, en su conservación y de los males que les acarrearía su destrucción.

Las gentes lugareñas de los Cojines del Zaque, de Pirgua, de la Colorada, del sector de la Universidad, de Tras del Alto destruyeron geroglíficos y pictogramas, con el uso de la dinamita en las rocas, que tradicionalmente se venían conservando.

Entre otras piedras tenemos las mal llamadas (en sentido peyorativo a los lugares sagrados): «La Piedra del Gallo», «La Piedra de Los Muñecos», y sobre las rocas del río Farfacá «La Piedra del Policía», «La Piedra del Libro», «La Piedra La Miedosa», «La Piedra del Infierno» en la parte más alta del Farfacá, se encuentran: «El Costillar del Diablo», «La Huella de la Mula», «La Cabeza del Diablo» y «El Barril del Diablo».

En la vereda «Florencia» de Tunja existen dos rocas con pictogramas de mucho interés, lo mismo en Sáchica.

El Parque Arqueológico de las Piedras de Tunjo, ejemplo de deterioro rupestre en los alrededores de Facatativa, fue un sitio estratégico de refugio de los chibchas, perseguidos por los panches, que sirvieron de mojones territoriales entre tribus; además funcionaba una plaza de comercio de mantas, sal y esmeraldas.

Existen entre otras: «Piedra de los Núñez», «Piedra de los Presidentes», óleos que tapan inscripciones indígenas; y por último está el «Santuario de las Ranas».

Este parque arqueológico consta de sesenta rocas, que tienen gran atractivo turístico, pero deterioradas debido al mal uso que hacen los visitantes del parque.

«Las mal llamadas pinturas de arte rupestre no han dejado de ser bibliotecas de tradiciones ancestrales, lecturas en los lugares ceremoniales, mapas de ocupación del territorio y espacios vitales de pagamentos y ritos al espíritu de la naturaleza y sus alimentos.»