Territorio

Territorio de Los Muisca Chibcha

Según Fray Pedro Simón y Lucas Fernández de Piedrahita, los chibchas limitaban territorialmente con los guanes, que tenían gran similitud de costumbres en la manera de vestir y en sus ritos funerarios. Eran un poco más blancos y de mejores facciones que los chibchas. Los españoles también los denominaban «muiscas», habitaban la región comprendida entre los ríos Sogamoso y el Opón.

Otra tribu colindante hacia el Occidente era la de los muzos, declarados enemigos de los muisca chibcha. Con gran ferocidad mataban y comían carne humana como si fueran carneros. Cuando penetraron los conquistadores españoles muchos de ellos fueron muertos, a quienes les quitaban la piel, la curtían y las mostraban como trofeo de guerra en sus bacanales, orgullosos de haberlos vencido en sus guerras. Los muzos no usaban vestidos, ni tenían caciques, ni escuchaban consejos de los ancianos, vivían en la anarquía y en la holgazanería. Bebían chicha en grandes proporciones y embriagados se mataban unos a otros. Su ley era la venganza, le daban maltrato a las mujeres por tardar en guisar la comida, o porque la chicha no había quedado a su gusto. Repudiaban a sus mujeres por cualquier motivo, dejándolas en libertad de volverse a casar.

Fajaban el cuerpo de los niños, los metían en una estrecha camilla de juncos y la colocaban inclinada hacia la pared, de manera que la cabeza del párvulo quedaba hacia abajo para que adquiriera fortaleza y tomara la forma redonda. No tenían adoratorios ni ritos, su dios era el demonio con el que decían hablaban y bebían. Sus curanderos eran agoreros y elaboraban bebedizos con yerbas para los hechizos.

Toponímicos

Las comunidades indígenas antes de la llegada de los españoles, ya le tenían nombres a sus poblados, cerros, lagunas, ríos, quebradas, sitios de interés espiritual o comercial, etc.; nombres que sufrieron la depredación lingüística, por la mentalidad propia del avance de la invasión española de no dejar vestigios arqueológicos e idiomáticos por considerarlos de origen diabólico. En documentos de visitas coloniales, para identificar linderos de encomiendas y resguardos, los visitadores y escribanos recurren a la toponimia indígena existente, con la frase repetida: «Que los nativos denominan…»